Bruxelles
7 febrero, 2012
Este fin de semana pasado, aprovechando que París está en la zona central de Europa, hemos hecho una escapada a Bruselas. Yo ya tenía entendido que es una ciudad no muy grande, de las del tipo charmante, con sus pequeños rincones, su idiosincrasia lingüística y su gastronomía típica. Después del viaje de este sábado puedo decir que esta ciudad me ha enamorado, pero porque me ha entrado por el estómago: sus estupendas frites y su exquisito chocolate (dicen que el mejor del mundo). Había chocolaterías en cada esquina, cada cual con un mejor escaparate que el anterior, y a mí se me hacía la boca agua en todas.
Por otra parte, el centro de la ciudad es muy pintoresco. Hay muchos edificios del estilo flamenco que le dan un aire de tradicional a la ciudad. A eso, hay que añadirle los monumentos de estilo gótico propios de esta región, como su catedral. Pero si me tuviera que quedar con algo de Bruselas, eso sería sin duda el Manneken Pis. Los maestros chocolateros conocen también esta preferencia del turista, y por eso venden chocolates con forma de Manneken Pis.

El famoso niño descarado (Manneken Pis).
También fuimos al centro de la Bande Desinée (BD), en el que había muy buenas exposiciones sobre muchos BDs europeos, especialmente belgas. Todo amante de Tintin tiene que pasar al menos una vez en su vida por este lugar. Como detalle, dejo este tan peculiar:

Tintin y la Semana Santa: el cani rubio y el penitente.
Sin embargo, una de las cosas que eché en falta es un espacio para Asterix y Obelix, siendo uno de los más importantes BD francófonos. Tal vez fuese debido a que estaban de reformas en la última planta.
En fin, si alguien está pensando en hacer un pequeño viaje, Bruselas es la ciudad ideal: ni grande ni pequeña, bonita, encantadora, única, interesante y, sobre todo, gourmande.

